Perdí el hilo
Perdí el hilo, bailé el tango de tu tanga.
lunes, 4 de abril de 2016
Dejar atrás lo que siempre estuvo a tu lado
Estas semanas no tenía ganas de escribir, sólo de descansar y asimilar las cosas que me han pasado. Al final, el miércoles 16/03/2016 tuvimos que sacrificar a Nanú, mi perro. Lo pasé fatal pero ahora pienso que puede que fuera lo mejor. Aunque me duela sentirlo, estoy más tranquila porque antes sufría mucho al ver lo mal que estaba. Ahora sé que descansa en paz y el dolor que sentía ya no existe. He pasado muchísimos momentos a su lado y me quedan muy buenos recuerdos. Uno de los mejores momentos de mi vida, por no decir el mejor, fue cuando lo vi por primera vez dentro de esa caja gigante, hecho una pelusa blanquita y con un lazo rojo en el cuello. Recuerdo su aliento a atún y su forma de andar de cachorrito. El día que nevó y estaba también la Bruma. Más tarde vino otro cachorro, Kushu, y después Son. La cara de Nanú al ver a Son fue un poema. Sus aullidos eran música para mis oídos. Siempre que lo escuchaba me reía. El día en el veterinario que le estaban piropeando y se tiró un eructo y yo me empecé a reír. ¡Cuántos eructos se tiraría! Cuando estaba la tierra del futuro huerto removida y empezaron a jugar y él no paraba de meter el morro en la tierra. Cuando nos lo llevamos a la playa y no paraba de mover la cola y ladrar. Esas vacaciones nos lo llevamos también a Benidorm. Cuando estaba sola en mi casa y lo pasé a mi habitación y lo subí en mi cama. Cuando le decíamos que se hiciera el muerto y esperaba con la boca abierta tumbado a que le dieramos algo de comer por haberlo hecho. Cuando le tiré la manzana y se le quedó pillada en la boca. Cuando le daba un trozo de pan y lo tiraba y me pedía otro. Cuando llegaba a mi casa y gritaba Nanú y venía corriendo dando saltitos y moviendo la cola. Cuando Jorge lo tiró a la piscina y como lo quería él también. Cuando estaba sentada y venia y se sentaba entre mis piernas y ponía la cabeza para que lo acariciara. Las veces que habré esperado a que se le cortara la sangre de la nariz y me habré manchado. Las orejitas tan suaves que tenía y las veces que lo habré peinado. Cuando levantaba las orejas porque escuchaba algo y al decir su nombre las bajaba y movía el rabo. La cara de asco que ponía cuando le acariciaba el morro de una manera determinada. El día que le dí galletas y no paraba de mover la lengua porque se le quedaron entre los dientes. Su rabito blanco pomposo cuando pasaba por delante del proyector. Sus ojos marrones claritos por fuera y oscuros por dentro. Y las manchitas negras encima de la nariz. Lo que le gustaba escaparse y volver oliendo fatal. Su habilidad para abrir la puerta con el morro. Cómo cazaba ratones y el día que se comió las alitas adobadas y tenía el morro naranja. Cuando se meaba al verme de la alegría. Cuando me tuve que despedir de él y sabía que iba a ser la última vez que lo iba a ver y lo abracé sin poder parar de llorar. Y me iba del veterinario y se quería venir conmigo. Fue muy doloroso. Y al llegar a mi casa ver que Son miraba en el maletero moviendo el rabo a ver si estaba. Muy doloroso. Siento que la casa está vacía sin él. En mi corazón sigue estando él y todos y cado uno de los recuerdos. Y lo que lo quería, quiero y querré. A pesar de no ser una persona lo he querido muchísimo y sé que yo para él era su amiga y a la que más quería. Cosita, te quiero mucho. El día que le noté el bulto dije que eso no me gustaba ni un pelo y en un mes ocurrió. El no poder parar de llorar y no darme cuenta de que se me caían las lágrimas. Porque ha sido el mejor.
Por ti ♡.
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